Tengo este extraño hábito de escribir sin pensar lo que pienso. En las líneas de mis manos llevo escritas las palabras que no le grito al viento, no sea que alguien las oiga y se dé por aludido.Esta vez quería escribirte pensando, pero yo sólo escribo sintiendo. Y esto te lo digo a modo de disculpa, por si acaso en las líneas que vienen lees algo que no te interese…
Es una de esas tardes en que las nubes limpian los cristales a lengüetazos y aunque el cielo no puede estar más gris, de algún modo brilla el sol. Tal vez sea porque suena una de esas canciones que te hacen sonreir y sonrío. “Esta canción la puse yo en una presentación…”
Siempre recuerdo esa frase cuando escucho esta canción. Siempre te recuerdo cuando escucho esta canción, con una de esas sonrisas pegada en la comisura de los labios. Eres el lugar más feliz que conozco, donde olvido todo lo que no esté acompañado de un sonido, ya sabes, de cascabel… Y tú pensaste que te reprochaba algo. Y lo que en realidad no sabes es que si en algún momento hemos dejado el País de Nunca Jamás no fue porque tú no me enseñaras a volar, sino porque yo me olvidé de pensar en algo bonito…
Hoy sólo puedo sonreir al pensarte, porque después de algunas lágrimas y siempre de una forma muy tuya, (no vayamos a olvidarnos), me has dicho “Sí, claro que me importas” Sólo una frase, que has dicho entre gestos, miradas y alguna palabra suelta y ya se abren las puertas a ese mundo extraño en que de vez en cuando moramos los dos. No tengo que contarte que ha salido el sol, que reimos hasta caer rendidos y volamos por encima de las nubes.Estoy aquí contigo, sentada en la hierba. Esta vez no tienes prisa ni pausa.- Cuéntamelo otra vez -dijiste mientras recorrías las líneas de mis manos con tus dedos.- ¿El qué?- Ese cuento de las estrellas de mar.
Un escritor que estaba en su casa de la playa terminando su última obra, todas las mañanas, muy temprano, salía a pasear por la costa unos minutos antes de empezar su trabajo. Esa mañana observó, en la distancia, a un joven que parecía estar bailando… corría hacia el mar, levantaba sus brazos, daba la vuelta y volvía a repetir el movimiento una y otra vez.Lentamente, el escritor se fue acercando al joven, hasta que, al aproximarse, vio que en realidad estaba recogiendo algo de la arena y que luego se acercaba al agua para lanzarlo mar adentro.Ya más cerca, vio que el joven tomaba estrellas de mar que habían quedado en la arena al bajar la marea y corría hasta el agua para arrojarlas tan lejos como podía.
A veces las cosas son así y no hay q darles muchas más vueltas… he leído por ahí. Pues sí, tal vez, simplemente haya que dejarlo estar.
Aquí estoy de nuevo, fumando un cigarrillo que cogí de tu cajón y debatiéndome otra vez entre lo que creo que quiero y lo que no. Paseandome un rato con la incertidumbre… Me he topado con la realidad, me he dado de bruces con ella y he visto que por mucho que nos empeñemos en formar parte el uno del otro no tenemos nada que nos una. Hoy no, no sé si lo hubo o si lo habrá, pero hoy no. Y es que te miro y veo lo lejos que están tus ojos, perdidos en un mundo lleno de prioridades y de cosas importantes de las que nunca formaré parte. Y yo he aparcado las mías, las he puesto en pausa y cuando pulso el botón del “play” sólo suena tu canción. Tu maldita canción que habla de estrellas y lunas que nunca alcanzaremos. No sé donde estás, ni sé donde estoy. Pero hoy me he mirado al espejo y he dicho ¿quién es esa niña tan sola? Y tú no estabas para darme los buenos días. Me has prometido que vuelves, y te creo. Pero sé que mañana te irás de nuevo.
Fue un terrible error dejar que trajeras el cepillo de dientes a mi cuarto de baño. Ni aquí ni allí, no estás en ningún sitio yo te echo de menos en todos.
No hay nada nuevo en vicios y perversiones, ni son patrimonio de ninguna raza ni de ninguna clase social.
(Jacinto Benavente, 1866-1954)
(…) era un torbellino de carne palpitante. Surcada de nauseabundas venas azuladas y de un brillo que lo hacía aún más repugnante; crecía a cada paso, a cada giro. Jamás había tenido un sueño con tanto colorido, tan real y tan angustioso.
Me desperté empapado en sudor, desnudo, en una cama que me era desconocida. Estaba totalmente perdido y no veía absolutamente nada; sumido en aquella oscuridad apenas era capaz de controlar mi respiración y mis ganas de gritar. Sólo escuchaba el latido de mi corazón, de la sangre palpitando en mis venas. Entonces me acarició el brazo y me encontré con ella, estaba tumbada junto a mi con los ojos muy abiertos, temblorosa y asustada, tan pálida que parecía iluminar la habitación. La recordaba. Su esbelta figura en el exterior de aquel caserón enfermizo.
No sé que pasa este otoño, pero es siempre verano.
Me desperté de mal humor, con cien legañas pegadas en cada ojo y con los músculos entumecidos. El agua caliente no va, no queda leche, el coche no arranca y se me olvidó tomarme la píldora del día después.
El mundo giraba al revés esta mañana y yo quise, como ya dijo alguien, poner el freno y gritar “párate, que yo me bajo”. Pero, resulta que he decidido tener un buen día. Así que me he montado en mi barco de papel a ver donde me lleva la marea…
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